Los García Pelayos
Julio 7, 2009
García Pelayo, el hombre que hace saltar todas las bancas, ofrece aquí una crónica de las ideas, conceptos y sentimientos que este paradigma del juego científico tiene para aportar.
No fue hasta mucho tiempo después de oír de su fama, de su nombre y de sus hazañas, de su pasado como cineasta, que por fin pude entrevistar a uno de los “Pelayos”, Gonzalo García Pelayo, tal su nombre completo. Cancilleres del juego, recorren países como el nuestro y hacen realidad el sueño de cualquiera: jugando, trabajan. Todo es un juego y todo es trabajo: una escuela de poker en red que ya supera los dos mil alumnos virtuales de los más remotos rincones del planeta, métodos infalibles o poco menos que infalibles con los que hacen saltar la banca tantas veces como quieren, o incluso la presentación de su libro “La Fabulosa Historia de los Pelayos”, que publicaron animados por Joaquín Sabina, nada menos, el sello editorial que los publicó, y las ganas de contar “aventuras reales, que nos ocurrieron. Como en “La Isla del Tesoro”, afirma desde su oficina en un hotel dulce hotel de Las Vegas Gonzalo. Eslabón de una estirpe, se enorgullece de que todos sus hijos sigan sus pasos, trabajando en el mundo del juego. Aunque probablemente sea Oscar quien más de cerca siga sus pasos: es jugador profesional y de él su padre dice: “tiene una visión parecida”.
Cuando me habla de su hijo, cuando lo diferencia de los otros cuatro por su condición de “jugador profesional”, me doy cuenta que, como muchos, no sé aún lo que es un jugador profesional; excepto en algunos deportes federados (como el fútbol) no sé (no sabemos, varios) de qué se trata. Gonzalo explica que considera un profesional del juego a aquel para el que sus ingresos de juego se vuelven más o menos estables logra hacer de ello su primera ocupación, por encima de otras opciones. Es decir, quien puede vivir del juego, quien puede marcar más de cerca al inestable azar.
Aunque extrañe de vez en cuando sus anteriores actividades, su “afición a la música y al cine”, tanto Gonzalo como gran parte de su familia se han volcado al juego profesional. Pero esto no es sólo por espíritu de lo lúdico. Se toman su profesionalismo muy en serio. “No superamos al azar – dice ante mi pregunta obvia, nacida de su fama- lo estudiamos, estudiamos sus límites, tratamos de entenderlo”. Tanto es así que también aspiran a que sus competidores y alumnos virtuales se tomen en serio el tema. En un tramo de la entrevista en que se refiere con orgullo a su sitio de internet (www.lospelayospoker.com), Gonzalo afirma que es para “jugadores científicos”. Y acota “que quieran aprender las ventajas posibles en el póker y la apuesta deportiva”.
Para esta parte, la entrevista ha cobrado un interés mayúsculo para mí. Si esperaba encontrar a un hombre que pensara sólo como jugador, me encontré con todo lo contrario: alguien que vive con sus dos pies sobre la tierra, que insiste con el carácter científico de su trabajo, con la seriedad que debe ponerse en el asunto.
Cuando le digo que una de las cosas de que habla su fama es que, precisamente, todo es posible para ellos, afirma que no es así, que sólo se consideran infalibles en la ruleta. Y aunque en el póker y la apuesta deportiva el éxito suele sonreírles, hace la salvedad de que “estos ya es contra la otros jugadores y no contra la banca, como en la ruleta”.
Con esto, pone de relieve el rigor de sus estudios. Pues entra en consideración el factor humano, que suele escapar a los cálculos de probabilidades. Y a eso se dedican: estudian las probabilidades que el jugador tiene de ganar en un determinado momento apostando a un determinado número. De hecho, cuando le pregunto por un consejo para nuestros lectores, lo enuncia: “deben tener en cuenta la probabilidad que tienen en cada jugada o mano y sólo aceptarla cuando su expectativa sea positiva”.
Al oírlo, uno percibe que su profesión debe hacerlo sentir enormemente realizado. Se lo pregunto, y dice: “el juego es el centro de mi vida profesional, como antes lo fue el cine y sobre todo la música”.
De pronto, me pongo a pensar en cómo será la vida, qué sentirá una persona que hace realidad el sueño de tantos: hacer saltar la banca tantas veces como se quiera. Conversando, me comenta de la gran satisfacción que el hecho le produce, cómo contribuye a su orgullo; pero también aquí se lo conoce sereno y con los pies en la tierra, cuando recuerda que el pensamiento hindú “pregona el desapego”.
A esta altura del partido (o de la partida) el lector se estará preguntando cómo es vivir del póker. Y aquí es precisamente donde surge lo más interesante de la entrevista. Gonzalo García Pelayo enumera feliz los lugares que ha conocido “llevando consigo su trabajo”: 110 países, entre los que está el nuestro. “He jugado de viaje a Vietnam y Sri Lanka, por ejemplo”, dice.
Pero esa es tan sólo una de las ventajas que este maestro español del juego obtiene de sus cátedras. Cuando contesta a la pregunta, las primeras cosas que enumera como los puntos positivos de su vocación tienen que ver con la posibilidad de escaparle a la gris rutina de oficinas, agendas llenas y sacrificios de tal índole para poder vivir. “Puedo elegir mi horario de trabajo – dice- y no tengo que llamar a nadie para concertar citas de trabajo, porque lo puedo llevar a cualquier parte y desarrollarlo así”.
Sus pies están sobre la tierra aún en las preguntas difíciles. “Sí podría vivir sin el póker, pero sería una vida de menor calidad en todo, económica y emocionalmente”.
Es que este hombre que pudo hacer de su hobbie su trabajo no sabe de fanatismos o adicciones, que no tienen por qué surgir de algo tan natural y tan humano como lo lúdico. Sólo es cuestión de valorar lo que un estudio serio, detallado y constante puedo brindar.
El cierre no podía ser mejor para nuestra entrevista, corroborando todo lo pensado por este cronista durante su desarrollo. “¿Lo más lindo del juego? Lo más lindo del juego es la libertad que otorga a tu vida”.
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