La ruleta rápida

Agosto 29, 2008

una nueva versión del clásico juego de casino, hizo su debut hace unas pocas semanas en cuatro de las propiedades de Harrah’s Entertainment en Atlantic City. Las reglas y probabilidades son las mismas que en el juego de mesa tradicional, pero el sistema de apuestas computarizado hace que el juego avance a una velocidad asombrosa.

La voz mecanizada exclamó “Hagan sus apuestas”, y Ray Brown -un residente de Williamstown- golpeó suavemente la imagen en la pantalla representando una mesa de ruleta, más rápido que un adolescente en un salón de videojuegos. Treinta segundos más tarde, la agradable voz femenina anunció “No más apuestas”, pero Brown ya había apostado más de 100 dólares. Todo lo que tenía que hacer era esperar que la bola cayera en la rueda ubicada en el centro de las 12 pantallas de computadora para ver si había ganado. El número ganador fue el 10, y Brown había colocado varias fichas en él. Una cara sonriente apareció inmediatamente –y los créditos aumentaron en la pantalla de Brown. “Me enloquezco con esto”, confesó el jugador de ruleta, quien explicó que le gusta esta versión por su “ritmo realmente rápido”.

La ruleta rápida ha estado en Las Vegas por al menos tres o cuatro años, de acuerdo a Paul Natello, director de las operaciones en los juegos de mesa para Caesars. “Es muy cómodo y fácil de jugar”, indica Natello, dado que la mayoría de la gente está acostumbrada a jugar en computadoras. La ruleta rápida hace sentir a los jugadores que están jugando en privado, pero en una atmósfera de casino.

El juego utiliza dos crupieres, el mismo número que manejaría dos mesas de seis jugadores cada una en un juego de ruleta tradicional. Pero el ritmo es casi dos veces más rápido, porque los crupieres no tienen que retirar de la mesa las fichas perdedoras y pagar las apuestas ganadoras. Todo es hecho por la computadora. “A los clientes parece gustarles: han hecho fila para jugar y no hemos escuchado nada negativo de su parte”, dice Natello.

Un punto positivo para los jugadores es que la apuesta mínima para la ruleta rápida es de 5 dólares, comparada con al menos 15 dólares de la ruleta tradicional. Otra ventaja es que “no hay gente intentando llegar con sus manos al otro lado de la mesa para colocar sus apuestas y desparramando las fichas de los demás”, confiesa el supervisor de piso Ronny Ducat. El juego también es más fácil para los crupieres y supervisores porque la computadora registra cada apuesta que es hecha y le paga a todos los ganadores automáticamente. “Tenemos muy pocas disputas”, señala Ducat. “No hay prácticamente margen para el error”.

Entrevista imposible a Dostoyevski

Julio 19, 2008

Todo estaba confirmado. Acordamos vernos en un casino central de San Petersburgo, una tarde en que las calles parecían flotar en medio de una lluvia intensa y menuda, mientras el cauce del Río Neva atravesaba como una flecha por el corazón de la ciudad.
Cuando ingresé en el local, que lucía espejos empotrados en las paredes, arañas de cristales esmerilados y alfombras uzbekistanas, lo divisé sentado al fondo, tomándose una humeante taza de té. Lo primero que me sorprendió es que no vestía como Máximo Gorki, con rubashka bordada a mano ni botas de cuero tosco hasta las rodillas, sino un traje occidental; camisa de algodón, zapatos de cuero lustroso y un chaquetón algo grande para su talla. En su aspecto, semejante al del terrible Rasputín, destacaba la barba ligeramente desgreñada, la frente amplia y la mirada penetrante.
Le tendí la mano y me presenté. Él se limitó a esbozar una sonrisa afable.
–Dostoyevski, Fiódor Mijáilovich Dostoyevski –dijo luego en un tono muy fuerte, como golpeándome a los oídos con cada acento prosódico.
Nuestras miradas se cruzaron por un instante. Me invitó a tomar asiento y preguntó:
–¿Estamos listos para la entrevista?
–Sí –contesté dubitativo, mientras me servía una taza de té del samovar que relucía en la mesa de mármol alabastrino.
–Entonces te escucho.
–Sé que eres el segundo de siete hijos, pero me gustaría saber algo más sobre tu familia –dije, aún sin salir del asombro de tener frente a mí a uno de los escritores más célebres del siglo XIX, cuyas obras, además de haber influido en los existencialistas como Sartre y Camus, inspiraron las teorías filosóficas de Kierkegaard, Nietzsche y “La metamorfosis” de Kafka.
–Provengo de un hogar de clase media, donde la actitud omnipresente de mi padre era decisiva en la educación de los hijos. Claro que su autoritarismo era compensado con el amor y la protección de mi madre, quien, por desgracias, murió de tuberculosis cuando cumplí dieciséis años. Tras la muerte de ella, mi padre, que ejercía como médico de pobres, se sumió en la depresión y el alcoholismo, y, para deshacerse de mí y de mi hermano Mijaíl, nos mandó a estudiar en la Academia de Ingeniería Militar de esta ciudad, donde aprendí a vivir con cinco rublos al mes, de los cuales me los gastaba cuatro y medio apostando al parchís; pero también aquí nació mi interés por la literatura, estimulado por las obras de Shakespeare, Pascal, Víctor Hugo, Hoffmann y Friedrich Schiller, entre otros.
–¿Y cómo murió tu padre, el hidalgo de Darovóye?
–Murió ahogado en vodka. Sus propios siervos mancomunados, en un intento de apaciguarlo en uno de sus arranques de violencia provocados por el trago y furiosos porque les negó la paga extraordinaria de Navidad, lo inmovilizaron de pies y manos, le metieron el gollete de la botella en la boca y lo dejaron morir como a un perro degollado. A mí me dolió mucho su muerte, aunque a veces, preso de mis instintos de venganza, le deseé la muerte por déspota y testarudo; con todo, desde ese luctuoso suceso, me sentí acosado por sentimientos de culpabilidad y viví arrepentido como el detestable Dimitri, el parricida que asesina a su padre en “Los hermanos Karamásov”.
Al cabo de estas palabras, pronunciadas con un dejo de autocompasión, lo noté algo nervioso; crispó las manos, cruzó los pies y cerró los ojos. Fue entonces cuando aproveché para preguntarle sobre la epilepsia que padecía desde los nueve años de edad. Él se acarició la barba, suspiró hondo y contestó:
–Esa enfermedad de mierda, que cada vez se hacía más convulsiva y frecuente, me sirvió al menos para describir la epilepsia vivida y sufrida por el príncipe Myshkin en “El idiota” y la de Smerdyakov en “Los hermanos Karamázov”.
No quise entrar en detalles y pasé a la siguiente pregunta:
–Después de culminar tus estudios de ingeniería, con el grado militar de subteniente, ¿dónde conseguiste trabajo?
–En la Dirección General de Ingenieros de San Petersburgo. Compaginé mi trabajo de ingeniero con la de jugador de póquer. Tiempo después, como despreciaba las matemáticas con la misma fuerza con que amaba la literatura, abandoné el tedioso trabajo con los números para dedicarme al oficio de las letras, aun sabiendo que de la literatura no se podía vivir holgadamente, y mucho menos en una época en que existían más pobres que ricos y más analfabetos que letrados.
–¿De nada sirvió que muy joven te hayas convertido en una celebridad literaria luego del rotundo éxito de tu novela epistolar “Pobres gentes”?
–La celebridad de un autor se desvanece con la misma facilidad con que se apaga una estrella fugaz, no sólo porque mis posteriores obras, desde “El doble” hasta “La mujer del otro” fueron acribilladas por la crítica, sino también porque nunca pude comer de la literatura; es más, la literatura me convirtió en un deudor moroso de cuantos tenderos e hijos de vecinos se cruzaron en mi camino. A veces no tenía con que pagar el piso, no disponía de fondos para invertirlos en el casino ni en los tratamientos de mi enfermedad. Fue en esas circunstancias, de gran necesidad tanto material como espiritual, que escribí el autoflagelante monólogo de un funcionario frustrado, un antihéroe enfermizo y vengativo, que constituye “Memorias del subsuelo”, y el primer borrador de “Crimen y castigo”, que es la obra en la cual desahogué algunos de mis trastornos emocionales producidos por el fallecimiento de dos de mis seres más allegados.
–A propósito de “Crimen y castigo” –irrumpí cortándole la palabra–, me puedes explicar, ¿por qué se le ocurrió al protagonista de la novela, el pobre estudiante de derecho Raskolnikov, la cruel idea de asesinar a la anciana Aliona Ivanovna?
–Porque padecía de delirios de grandeza. Él se sentía, en el plano moral y humano, un ser supremo a ella, quien, siendo una prestamista próspera, era una vieja usurera; por eso la mató a sangre fría, porque quería robarle el dinero y porque la consideraba una escoria social, una cucaracha que sólo merecía el desprecio y la muerte…
Al poco rato, me miró a los ojos y preguntó:
–¿Tú no hubieras hecho lo mismo que Raskolnikov?
No le contesté ni sí ni no. Y proseguí con la entrevista:
–¿No será que las acciones de Raskolnikov estaban determinadas por las teorías socialdarwinistas, cuyos principios más aberrantes sostienen que sólo los más jóvenes y fuertes tienen derecho a la vida?
–No eran esas ideas las que movían las acciones de Raskolnikov, sino las necesidades existenciales que lo obligaron a obrar de forma irracional. De ahí que, cuando volvía a su estado racional, se sentía atormentado por la culpa y, a manera de redimirse espiritualmente, buscó el castigo por el crimen cometido, entregándose voluntariamente a las autoridades.
–¡Ah! –dije–. Hablando de castigos y condenas, querría saber, sólo por curiosidad, ¿cómo experimentaste tu destierro a Siberia en 1849?
Dostoyevski se sirvió otra taza de té, miró en derredor y, entre sorbo y sorbo, replicó:
–De eso prefiero no hablar. Me acusaron de pertenecer a una organización clandestina y de conspirar contra el zar Nicolás I; un personaje que, en honor a la verdad, nunca me interesó por el poder autocrático que ostentaba ni por la hermosa mujer que tenía a mano; más todavía, podría afirmar que en esa época tenía más diferencias con los nihilistas y socialista ateos, que con las ideas aristocráticas del zar.
–Lo peor es que casi pagas con la vida una falsa acusación.
–Así es. Me condujeron a un lugar en que debía ser fusilado junto a otros prisioneros. Me pusieron frente a un pelotón, maniatado y con los ojos vendados. Escuché los disparos al aire, pero, por alguna razón hasta hoy desconocida, mi pena máxima fue conmutada por cinco años de trabajos forzados en Siberia, donde pasé rodeado de pulgas, cucarachas y “silenciado dentro de un ataúd”. La prisión en Siberia era un sitio endemoniado; en verano, encierro intolerable; en invierno, frío insoportable. Todos los pisos estaban podridos. La suciedad en los pisos tenía una pulgada de grosor; uno podía resbalar y caer. Éramos apilados como anillos de un barril. Ni siquiera había lugar para dar la vuelta. Era imposible no comportarse como cerdos, desde el amanecer hasta el atardecer. Ahora bien, si quieres saber más detalles sobre la compleja conducta de los humanos en tales circunstancias, te recomiendo leer “Memorias de la casa muerta”, donde analizo el sadismo de los carceleros y las condiciones infrahumanas de los prisioneros condenados a trabajos forzados en lugares donde el diablo perdió los cuernos.
–Siguiendo tus afirmaciones, debo suponer que es menos dolorosa una muerte instantánea que una condena perpetua, ¿no es así?
–En efecto, es preferible una muerte instantánea que el sufrimiento de la tortura y el destierro –afirmó seguro de sí mismo. Luego prosiguió–: No es casual que en “El idiota” diga que la guillotina se ha inventado para evitar el sufrimiento del reo. Es menos dolorosa que la tortura y el destierro. Claro que cuando te anuncian que irás al patíbulo, te invade una enorme angustia, se te derrumba el mundo y el corazón se te acelera como un caballo al galope. Aun así, es preferible la muerte en la guillotina, donde lo terrible se concentra en un solo instante, mientras tienes la cabeza expuesta a la cuchilla y oyes como ésta se desliza hacia tu cuello…
La frialdad con que describió una decapitación, me provocó un acceso de tos, seguido por un estremecimiento inevitable. Acto seguido, en procura de cambiar el tema, le formulé otra pregunta:
–Cuando recobraste la libertad, se sabe que te reincorporaste al ejército como soldado raso y que fuiste destinado a una fortaleza en Kazajistán, donde conociste al primer amor de tu vida. ¿Verdad?
–Ni más ni menos –corroboró con la mirada puesta en una de las mesas de casino del local–. Allí comenzó mi relación con María Dmítrievna Isáyeva, quien, antes de meterse en la cama conmigo, fue la esposa y viuda de un compañero que conocí en Siberia. Con ella contraje matrimonio en febrero de 1857, pero, hablando en pepas, confieso que nunca fui un marido feliz con ella.
–Quizás no sólo porque la llama del amor se apagó entre ustedes, sino también porque volviste a caer en el embrujo de los juegos de azar.
–No voy a negar que soy un ser depresivo y un jugador empedernido de la ruleta, donde he despilfarrado mis rublos entre copas de vodka y camareras de vida alegre, hasta verme sumergido en graves problemas financieros, acorralado por las deudas y por una angustia que no lograba superar ni siquiera con la ayuda de mi esposa.
–¿Y qué hacías para evitar el acoso de tus acreedores?
–Huía al extranjero. Recorrí por varios países de Europa occidental, donde derroché mucho dinero en los casinos; incluso conocí, en uno de esos viajes, a la crupier y joven estudiante Paulina Súslova, con quien mantuve un romance efímero pero apasionado, hasta el día en que ella decidió abandonarme, según me dijo, debido a mi adicción a los juegos de azar y mis ideas conservadoras que no eran de su agrado.
–¿Se puede decir que los juegos y las mujeres han sido dos de los problemas que más atormentaron tu vida?
–No los únicos, pero sí los que más me enseñaron a comprender que la dicha y la desdicha son hermanas gemelas, que se atraviesan en nuestras vidas cogidas de la mano. A todo esto hay que añadirle la muerte de un ser querido. Por ejemplo, cuando mi esposa María Dmítrievna Isáyeva murió en 1864, seguida poco después por la de mi hermano Mijaíl, quien, además de su viuda, me dejó un montón de deudas y cuatro sobrinos a quienes dar de comer, me hundí en una profunda depresión y me dedique obsesivamente a jugar en los casinos. Perdí lo poco que tenía y quedé en la ruina. Para recobrar la dignidad y saldar mis cuentas, me vi obligado a recurrir al préstamo de un editor poco escrupuloso, bajo el compromiso de entregarle una nueva novela completa en el plazo de un año. De modo que contraté los servicios de la mecanógrafa Anna Grigórievna Snítkina, la misma que me ayudó a transcribir, en el lapso de sólo veintiséis días, la novela “El jugador”, basada en mi pasión por la ruleta.
–¿En esos días nació tu romance con Anna, a poco de apostar con un amigo que, a pesar de tu edad, eras todavía capaz de conquistar a una jovencita?
–Así es, era una muchacha tierna y encantadora. Con ella me casé el 15 de febrero de 1867 y alcancé la felicidad plena. Juntos viajamos a Ginebra, donde nació y murió mi primogénita, como si Dios, que siempre fue muy cruel conmigo, me la hubiese arrebatado a poco de haber nacido…
Los ojos se le inundaron de lágrimas, la voz se le aflojó y se sonó la nariz con un pañuelo a rayas.
No supe qué hacer, me puse incómodo y hasta me sentí culpable de su repentino malestar. No obstante, a manera de reconfortarlo, se me ocurrió la idea de que podía proponerle otras preguntas ajenas a su vida. Y dije:
–Ahora que ya hablamos de tu vida, quizás sea oportuno profundizar sobre el hilo argumental de algunas de tus obras.
–¡Ahora no! –dijo poniéndose de pie–. Ahora se me hizo tarde y tengo otros compromisos.
Asentí con resignación, disponiéndome a pagar la cuenta del té.
Dostoyevski hizo chasquear la lengua contra los dientes, meneó la cabeza y dijo:
–Esta vez invito yo…
Sacó monedas del bolsillo de su chaquetón y los puso sobre la mesa, con el típico ademán de quien está acostumbrado a apostar y jugar a la ruleta.
Abandonamos el local justo cuando la lluvia se precipitaba como por un caño roto. Nos despedimos con un fuerte apretón de manos, cual viejos amigos que se reencontraron para revivir tiempos idos. Él se perdió en la esquina oscura y fría de la ciudad que odiaba y amaba a la vez, mientras yo me encaminé rumbo al hotel, sin dejar de pensar en que los humanos, aun estando protegidos por un aura de celebridad, somos simples mortales ante Dios y el Diablo.

El Jugador. Dostoyevski

Julio 14, 2008

Dostoyevski narra en su novela ‘El Jugador’ - breve, directa, impactante y de una densidad deliciosamente rusa - la ascensión y caída de un ludópata en una vívida primera persona. Se trata de un hombre que, en medio del glamour de los balnearios franceses del siglo XIX, recibe el encargo de apostar a la ruleta por la abuela de la familia para la cual trabaja como instructor. Más tarde, el tipo se deja sus propios cuartos en la mesa, para finalmente cerrar la espiral de autodestrucción obsesionándose con una hermosa señorita.
En el polo opuesto, Casino Royale (la de 2007), película en la que un encantador y rubio James Bond se harta a martinis, mujeres, coches y cosas caras en general mientras lucha contra los enemigos de la corona británica y, de paso, los despluma al póker de altos vuelos. A pesar de lo patillero y artificial de los cerocerosietes del siglo XXI (de los cuales, por otra parte, soy fan acérrimo), uno sale del cine con las manos rogando una baraja y el tacto de unas fichas y un tapetín.
Las dos estampas están presentes en la cabeza cuando entramos en el Casino: Dostoyevksi contra James. Efectivamente, el ruso gana la partida. Alegres gijoneses piden suerte a las crupieres porque «ahí van mis vacaciones», mientras que tres chinos apuestan en todas las ruletas al mismo tiempo y un hombre con dos o seis copas de más, luciendo camiseta del Sporting, vomita fichas de 25 euros encima del tapete.
Pero en el fondo este lugar es divertido, tiene su encanto. «Venga, pon 10 euros al rojo», dice uno. Ganamos. Alegría, felicidad, tenemos 20 euros. «Ahora 10 al negro y 10 a los doce primeros números», dice otro. Perdemos y marchamos. El hombre a nuestro lado, por su parte, saca otros 50 euros de la cartera.

La figura del jugador profesional pasó a la historia

Junio 9, 2008

Cuando acabó la «mili», en 1983, vio un anuncio de un curso de croupiers y se inscribió para probar. Desde entonces este donostiarra del barrio de Gros ha trabajado en el casino de San Sebastián como croupier. Hace seis meses fue ascendido a inspector de sala, puesto desde el que controla el movimiento del espacio de las ruletas y los juegos de cartas.
- ¿Qué hace falta para ser un buen croupier?
- Hay que ser habilidoso con las manos, tener agilidad para el cálculo mental y poseer ciertas dosis de psicología. En este oficio es fundamental conocer al público y saber emplearse con delicadeza y eficacia en las siuaciones límite, aunque por fortuna, hoy en día es rara la vez en que tiene lugar algún problema.
- ¿Qué tipo de clientes frecuenta hoy el Casino?
- Antes dominaban las personas mayores, algunas de ellas con una vieja cultura de juego porque durante los años del franquismo habían acudido a Biarritz, por ejemplo. Ahora hay muchos clientes entre los 30 y los 50 años, cuadrillas que después de cenar vienen aquí a jugar un rato.
- El mundo del casino se presta a las leyendas. ¿Hay jugadores profesionales, de esos que vienen a «hacer saltar la banca»?
- Ese «jugador profesional» aquí prácticamente ha desaparecido. Es gente normal la que viene. No hay de esos jugadores que luego publican libros explicando cómo arruinar a los casinos. El hecho de que ahora utilicemos máquinas para barajar las cartas o se haya automatizado al máximo la ruleta impide que los jugadores «calculadores» puedan desarrollar prácticas raras.
- ¿En San Sebastián se juegan grandes cantidades?
-Hay de todo. Es muy relativo definir qué es una gran cantidad. Yo suelo decir que el problema radica en jugar más de lo que uno puede permitirse. Para un persona con elevado estatus económico jugar dos mil euros puede ser una distracción. Para alguien de economía más ajustada perder cien euros de más puede desequilibrarle sus cuentas del mes.
- ¿Cuáles son los juegos estrella del Casino de Donostia?
- La ruleta sigue teniendo mucho tirón, pero también los juegos de cartas, como el black jack o el póker, concitan la atención de los clientes.
- Quizás hay personas que nunca han estado en un casino y tienen reparo en entrar para no quedar como «pardillos».
- En la ruleta no hay problema: el croupier ayuda y es fácil. A veces es más complicado entrar «de nuevo» en los juegos de cartas, pero enseguida se aprende.
- ¿Ha visto a alguien hacerse rico… o la casa siempre gana?
-¡He visto a mucha gente ganar mucho dinero!

Los Pelayos hicieron saltar la banca con sus estadísticas

Abril 11, 2008

Los universitarios estadounidenses que han servido de inspiración en ‘Blackjack’ tienen su reflejo en España. Hace años, el clan de ‘los Pelayos’, una saga familiar de jugadores profesionales encabezada por Gonzalo García-Pelayo y su hijo Iván, se hizo famosa porque consiguió hacer saltar la banca de los más prestigiosos locales de juego sin hacer trampas; tan sólo aplicaban un método estadístico que resultó ser infalible.

‘Los Pelayos’ elegían algunas mesas de ruleta de un casino determinado y durante varios días se dedicaban a recopilar sistemáticamente los resultados. Incluso estudiaban la inclinación y desgaste de las mesas de juego para conocer con mayor grado de certeza dónde iba a caer la bola. A continuación, procesaban los datos mediante programas informáticos basados en las probabilidades de las matemáticas y llevaban a cabo un minucioso cálculo de que les permitía anticipar las frecuencias y tendencias. Por último, elegían un día y apostaban a los números que el estudio revelaba como posibles ganadores.

Perdían dinero a veces, pero a la larga el método era infalible y acababan reventando la caja. Casinos de Madrid, Viena, Amsterdam, Londres, Copenhague, Australia, San Petersburgo, París y, por supuesto, Las Vegas, comenzaron a caer. La fama de esta familia, que convirtió el azar en su profesión y negocio -se hicieron de oro- se extendió por medio mundo.

Cuando los crupieres veían llega a los Pelayos se echaban a temblar y saltaban las alarmas. Además, para su desesperación, la suerte trabajada de esta familia se extendía a otros jugadores que, nada más verles, se pegaban a ellos y apostaban por los mismos números. Al final, las salas les acabaron vetando la entrada. Hoy por hoy, padre e hijo están oficialmente retirados del juego activo, aunque juegan al póker virtual. Han contado sus aventuras y desvelado sus sistemas para ruleta, póquer y quinielas en ‘La fabulosa historia de los Pelayos’ (Plaza y Janés).

Psicología para enfrentar la Ruleta

Marzo 31, 2008

Para tener en cuenta :

1.- La ruleta no le gana, usted pierde.

2.- La ruleta no lo va a buscar para que usted gane o pierda, usted va solo.

3.- La ruleta no lo obliga a perder determinada cantidad de dinero ni lo retiene o lo “expulsa cuando va ganando”.

4.- La ruleta no tiene memoria.

5.- La ruleta no tiene sentimientos. No reconoce si usted quiere ganar o inconscientemente lo que busca es perder. Tampoco percibe sus necesidades de dinero.

6.- La ruleta no responde a conjuros ni a rituales humanos.

7.- La ruleta tiene reglas que se deben respetar.

8.- La ruleta únicamente responde al jugador, sea ganándole o haciendo perder al casino

9.- La ruleta ofrece muchos métodos de juego, o sea, caminos para ganar determinadas sumas.

10.- La ruleta no se engaña a sí misma como lo puede hacer usted.

11.- La ruleta no opera en contra suya, simplemente está en el juego conforme a las reglas del casino y a las distintas formas que usted puede plantear el desafío. Es decir, jugar a pleno, a chance, o las distintas variables.

12.- La ruleta no le hace sentir emociones, usted es el que va a buscarlas y las encuentra en forma negativa cuando pierde y positiva cuando gana.

13.- La ruleta no se ofende cuando usted la insulta y ni se inmuta cuando le agradece.

14.- La participación de usted ante los 37 números se da en un marco estadístico y nada más que esto.

15.- La ruleta le ofrece variables en la que usted está en ventaja para ganarle.

16.- Sólo la conducta del jugador profesional le gana a la ruleta.

17.- Jamás piense en ganarse el casino.

18.- Siempre vaya a jugar solo.

19.- Estipule lo mínimo que desea ganar.

20.- Lleve siempre únicamente lo mínimo para jugar. No vuelva a buscar dinero y seguir jugando cuando pierda. Recién regrese al otro día o si va una vez por semana, respete esta periodicidad.

21.- Usted debe determinar; si va a ganar, salir con el mismo dinero o perder. Usted el único que decide. Nadie decide por usted.

22.- Si su conducta es compulsiva, es decir no responde a su método, jamás se dedique al juego.

23.- Si su conducta es equilibrada lo llevará a vivir del juego y usted se habrá convertido en un profesional.

24.- El profesional no vive en el casino, vive del casino. Sólo está lo suficiente, que se prolonga si va ganando.

25.- El azar al igual que lo divino no está dentro de la lógica que conocemos.

26.- Recuerde que usted no es mago.

27.- Relájese y disfrute, si va tenso y angustiado no vaya.

28.- Cuando haya ganado siempre deje un fondo de reserva y siempre piense que esta ganancia no es del casino, sino suya y no la dilapide.


: : Tipos de Jugadores

El jugador Social, tiene control sobre la conducta (juega esporádicamente y busca el entretenimiento adicional).

El jugador patológico no controla ni la frecuencia ni la cantidad de apuestas. La pérdida frecuente es siempre excusada con la vuelta por la revancha. Cuando gana se regresa por más, pero… ¿cuál es el límite? El jugador patológico no lo sabe o lo pierde de vista en las primeras jugadas

El jugador profesional. Este tipo de jugador es el que juega ponderando las ventajas y desventajas del juego. Es el que se pone un método, juega para ganar, sin obsesión ni compulsión. Predomina la conducta equilibrada sin exponer el patrimonio propio ni el de la familia como podría ser el del jugador patológico.

Fuente: Jugadores de ruleta

Ruleta online en Spin Palace Casino

Marzo 13, 2008

No es Las Vegas ni tu casino local, pero el mundo de ruleta en línea quizás podría tener más ventajas que jugar en un casino real. En cuanto enciendas tu PC y decides buscar el Internet para un buen casino, navegando por los cientos de casinos en busca de botes y bonificaciones, podrás encontrarte disfrutando de un juego de ruleta dentro de unos minutos.

No suele llevar mucho tiempo encontrar un gran casino, y si buscas un casino gestionado por software de Microgaming, estarás asegurado de encontrar un casino seguro y estimulante gracias a ser conocido como el proveedor líder de software casino. Una vez que hayas encontrado el casino y has echado un vistazo a los varios juegos en oferta, podrás llegar a los juegos por media de descarga o juegos al instante. La versión descargada te ofrece todos los juegos en el casino, la versión ‘flash’ o juegos al instante, te da la oportunidad de jugar tus juegos favoritos desde cualquiera lugar donde tengas ordenadora y conexión al Internet. Imagínalo, podrás descargar el casino y jugar en casa, después, con el mismo numero de cuenta ¡podrás jugar con amigos o en el trabajo al instante a través del casino flash!

Muchos jugadores, no pueden esperar a jugar por dinero real, pero los jugadores inteligentes suelen jugar inicialmente de forma gratis. Jugando gratis es la manera ideal de acostumbrarte a jugar en línea, encontrar tus juegos favoritos y dependiendo en tu destreza, practicar unas estrategias.

El Internet esta lleno de ofertas increíbles y es bueno buscar las mejores ofertas disponibles. Pero ojo, no te fijes solamente en la bonificación para jugadores nuevos. Es importante también pensar en como te tratara el casino una vez que hayas registrado y gastado el dinero gratis. Por lo cual, considera también promociones regulares y programas de lealtad.

Los mejores casinos ofrecen una combinación de buena bonificación para los jugadores nuevos y también incentivos más a largo plazo. Muchos casinos ofrecen créditos gratis y una hora para probar los juegos y ganar lo más posible durante un cierto tiempo. Como no estas jugando con tu dinero, es una manera menos riesgosa para probar el juego de dinero real tu mismo.

Los jugadores de casino en línea suelen caer dentro de uno de dos campos –recreativo y profesional. Los jugadores de ocio entran al casino en línea para divertirse, relajar y la oportunidad de ganar mientras lo hacen. Con porcentajes de pago entre 95% y 99% jugadores recreativos pueden tener un presupuesto fijo para la semana y aun pasar horas y horas jugando, disfrutando y ganando. Los expertos, emplean su arte para ganarle al casino y generalmente juegan juegos donde se puede usar sistemas como la ruleta o el blackjack.

Pase lo que pase, visita un casino en línea hoy, y prepárate para una experiencia inolvidable.

Juega en Spin Palace

Patrones de apuestas en la ruleta

Mayo 30, 2007

Muchos de los jugadores experimentados adoptan algunos patrones de apuestas para jugar en la ruleta. A menos que elija números al azar, existe una tendencia popular a elegir números que cubran áreas de la rueda. Esto apunta a que si la bola se detiene en cualquier lugar entonces aumentará la posibilidad de un número ganador. Haciendo esto uno puede determinar con más precisión las opciones de ganar.

Algunas de estos patrones ya tienen nombres conocidos, aquí le presentamos algunos:

Neighbours Bet: En una apuesta vecina se utilizan 5 fichas o cualquier número mas dos números a cada lado de el en la rueda. Por ejemplo. Si apuestas al 0, entonces los dos números al lado de el serán el 3 y el 26 por un lado, y por el otro el 32 y el 15. Recordar que los números no son secuenciales en la ruleta.

Zero Neighbours bet: Esta apuesta popular cubre cada número de la rueda entre el 22 y el 25 cubriendo cerca de la mitad de la rueda. Esta serie esta conformada por el 22, 18, 29, 7, 28, 12, 35, 3, 26, 0, 32, 15, 19, 4, 21, 2, 25. La apuesta se realiza con 9 fichas usando la siguiente disposición: 2 fichas al 0, 2 o 3, 1 ficha al 4 o 7, 1 ficha al 12 o 15, 1 ficha al 18 o 21, 1 ficha al 19 o 22, 2 fichas al 25, 26, 28 o 29 y una ficha al 32 o 35.

Ruleta a Control Remoto por Televisión

Marzo 30, 2007

Los esfuerzos de Gobernador de Indiana, Mitch Daniels, recogerín sus frutos prontamente. La ley 1120, por el propuesta propone agregar alternativas de juegos de azar en Indiana sin necesidad de expandir los ya existentes casinos. La idea fue promovida por el deseo de crear nuevas fuentes de ingresos, primeramente instigado por Kenilworth System Corporation .

La propuesta original formulada por Kenilworth, delineaba la instalación de video címaras en los Barcos Casino, por los cuales se transmita imígenes en vivo de juegos de ruleta, Dados y Bacarí a otros estados que transmiten carreras de caballo y que permiten la recepción televisada de juegos de ruleta desde Indiana. Kenilworth, patentó un dispositivo único que instala un microprocesador dentro de la televisión que permite jugar por control remoto a la ruleta y otros juegos ofrecidos en las mesas de casino.

No esta basado en ninguna transmisión por cable ni implica ningún juego ilícito por Internet. La ganancia anual estimada que dejarí el producto a Kenilworth, es de 40 $ billones. La lotería de estado, los Barcos Casino y Kenilworth, todos forman parte en este emprendimientos conjunto para generar mís ingresos.

Fuente: Kenilworth