El currículum deportivo de Boris Becker, que incluye una medalla de oro olímpica y dos Copas Davis, lo firmaría casi cualquier tenista. Sus peripecias desde que colgó la raqueta no han sido menos emocionantes, aunque no tan provechosas desde el punto de vista económico. Su hija extramatrimonial (y casi extrasexual) con una modelo rusa en una trama organizada por la mafia, un divorcio multimillonario, las acusaciones de evadir impuestos… «Boom Boom» ha dado ahora el último giro inesperado a su vida al debutar como «profesional» del Texas hold´em, la variedad más popular del póquer.
«Cuando aún jugaba al tenis profesionalmente -declaró Boris al anunciarse su fichaje por PokerStars, empresa patrocinadora del European Poker Tour (EPT)- empecé a aprender a jugar al póquer por casualidad en mis ratos libres entre los partidos, porque me ayudaba a mejorar mi concentración. Ahora quiero desarrollar mis aptitudes para el juego y retarme a mí mismo a convertirme en un jugador competente al novel más alto del póquer».
En realidad, solo tiene que cambiar los aces del tenis, por los aces (como se conoce a los ases de la baraja en inglés) del póquer, en ambos casos la mejor jugada posible. Tamar Yani, director de Marketing de PokerStars en Europa, aseguró que «Boris representa perfectamente el espíritu competitivo que hay en el interior de todo jugador de póquer».
El estreno de Becker en el EPT se ha hecho esperar, aunque a Boris se le pudo ver en las Bahamas en enero de este año (paseando entre las mesas) y, poco después, se esperaba que participara en el EPT de Dortmund. Las malas lenguas aseguran que estaba un poco pez en el juego y que los responsables de PokerStars han tenido que darle alguna lección adicional para que su debut fuera digno. Noobstante, se sabe que Becker ya había fichado hace unos años al jugador Kiril Gerasimov para que lo instruyese en los secretos del Texas hold´em.
Eliminado en las primera fase
En Montecarlo, donde el canadiense Glen Chorny se hizo la semana pasada con los más de dos millones de euros del primer premio, Boris tuvo una actuación aceptable, aunque fue eliminado en los primeros niveles del torneo sin apenas tener ocasión de «subir a la red». En realidad, no es el primer tenista que cambia la raqueta por la baraja. El francés Henry Leconte y el ruso Yevgeny Kafelnikov ya han hecho sus pinitos en el póquer y otros deportistas de numerosas disciplinas llevan años practicando esta actividad. En este sentido, destaca el número de ajedrecistas que empiezan a pasarse a las cartas, entre los que destaca el ruso Alexander Grischuk, que ganó hace solo dos años el campeonato mundial de partidas rápidas y, sin embargo, parece que empieza a preferir los faroles a los gambitos.
Precisamente dos ajedrecistas, el yugoslavo Ljubomir Ljubojevic y el noruego Simen Adgestein, destacaron por sus antecedentes en otro deporte, en este caso tan distinto como el fútbol. El primero llegó a jugar en el Estrella Roja de Belgrado y el segundo fue capaz de simultanear su presencia en la selección de fútbol de su país con una victoria en el campeonato nacional de ajedrez noruego.



